La ciudad que cocina con historia, viento y alma.
En el sur profundo, donde los caminos se abren paso entre pampas y glaciares, hay una ciudad que aprendió a contar su historia desde la cocina.
Una ciudad donde los ingredientes tienen memoria, el fuego es ritual y cada plato es un homenaje al paisaje.
Esa ciudad es Puerto Natales, y hoy tiene un nuevo nombre que lleva con orgullo: Capital Gastronómica Internacional.
En noviembre de 2024, Puerto Natales fue reconocida oficialmente por la World Food Travel Association (WFTA) como la primera Capital Culinaria de Chile y la cuarta en el mundo. El anuncio no fue un gesto simbólico, sino el resultado de meses de trabajo, evaluación y orgullo local.
El proyecto fue impulsado por la Cámara de Turismo de Última Esperanza, con el apoyo de Corfo, la Municipalidad de Natales, Codesser y empresas locales como AquaChile. Bajo el nombre «Natales, Capital Gastronómica», se desarrolló un proceso que fortaleció la oferta culinaria de la zona con talleres, mentorías, circuitos de productos locales, eventos como “Sabores Natalinos” y un diálogo permanente entre productores, chefs y comunidad.
Y así, entre mesas compartidas, fogones encendidos y recetas con apellido, Puerto Natales se transformó en una cocina con voz propia.
No es solo un título. Es una invitación.
Puerto Natales entra a una red internacional de destinos que reconocen el valor de la identidad culinaria como patrimonio cultural. Comparte esta distinción con ciudades como Granada (España), Bonaire (Caribe) y Cuenca (Ecuador), siendo la única ciudad chilena con este reconocimiento hasta hoy.
La WFTA, principal autoridad mundial en turismo gastronómico, evaluó la ciudad con altos estándares: desde la sostenibilidad alimentaria, el uso de ingredientes locales y las prácticas de cocina patrimonial, hasta la experiencia del visitante, la formación de sus cocineros y la integración de la comunidad. Y Puerto Natales cumplió con todo, sin perder nunca el sabor a sur.
Los ingredientes que dan vida a la cocina natalina no vienen de lejos. Son parte de este mismo paisaje.
🐑 Cordero magallánico de libre pastoreo, criado en las vastas estepas.
🌊 Centolla, erizos, navajuelas y pescados del canal Señoret, extraídos por manos locales.
🧀 Quesos artesanales, mantequilla casera, hierbas silvestres como el orégano de cerro o el calafate, ese fruto oscuro que tiñe los postres y los brindis con su sabor inconfundible.
🥔 Papas nativas, murtilla, ruibarbo, frutillas de huerta, rosa mosqueta.
🍞 Panes de masa madre, fermentos y conservas caseras.
🍻 Cervezas patagónicas, destilados de autor, y ese toque de creatividad que nace de cocinar con lo que hay, y hacerlo bien.
Puerto Natales no importa sabores: los cultiva, los pesca, los recolecta. Y los transforma en identidad.
Aquí se cocina con fuego, con paciencia, con respeto.
El cordero al palo sigue siendo el centro de celebraciones. La centolla magallánica, la reina del mar. Los fermentos, las hierbas, los dulces de calafate. Y en cada cocina, desde una picada escondida hasta un restaurante boutique, hay una historia que empieza en la tierra y termina en el plato.
En Puerto Natales, el viento entra por la ventana y se queda en la mesa. Porque el paisaje no se contempla solo: se sirve, se huele, se saborea.
Puerto Natales es ahora una parada obligada no solo para quienes buscan trekking o glaciares, sino para quienes viajan con el paladar atento.
Quienes entienden que una ciudad también se conoce por lo que se cocina a fuego lento, por lo que se comparte en una sobremesa, por el mate ofrecido, por la cuchara que se hereda.
Ser Capital Gastronómica es más que un logro: es un reconocimiento a una forma de vivir, de producir, de resistir y de celebrar.
Una distinción que nace del trabajo colectivo y que convierte a Puerto Natales en un faro culinario en el extremo sur del mundo.
🍽️ ¿Vienes a Natales?
Prepárate para probar algo que no está en el menú: el sabor de una ciudad que se cocina a sí misma con amor y memoria.
🔗 Más experiencias en: www.patagonia-chile.com
Prof. Alfredo Soto Ortega
En el último tiempo, el Parque Nacional Torres del Paine ha estado en el centro de las noticias, y no solo por sus innumerables eventos, premios, reconocimientos mundiales y posicionamiento como destino turístico de nivel internacional, sino también por su dinámica cotidiana: los flujos de turistas e innumerables visitantes que, con estaciones cada vez más marcadas, aumentan considerablemente.
Los enormes rascacielos de granito que enmarcan los fondos prístinos del paisaje destacan por su elevación abrupta sobre grandes extensiones de estepa. En cada centímetro de ese territorio habitan seres distintos que conforman un hábitat tan particular que logra encantar a toda raza y lengua que lo visita, dejando marcada en sus vidas la emoción de una experiencia fantástica, única e inolvidable para el resto de sus días.
La Patagonia siempre manda; siempre obliga y exige. Tanto así, que quienes osan desafiarla en sus innumerables senderos —especialmente aquellos que implican estar preparados para aproximarse cada vez más a estos colosos de granito, a sus glaciares y a las vistas desde las alturas, sobre el meandro de los ríos y sus coloridos lagos— saben que aquí no hay espacio para la improvisación.
Hace poco nos sentimos consternados por un accidente, del cual no estamos libres de que ocurra mientras no se alineen los aspectos a considerar en prevención. La naturaleza siempre reclama rigor ante sus características ambientales: fuertes vientos, bruscas variaciones de temperatura, terrenos durísimos y, al mismo tiempo, algunos de ellos muy frágiles. Quien no esté preparado o preparada, fácilmente puede quedarse allí, donde la roca ígnea y el conglomerado reclaman su parte, quitando a veces vidas humanas.
En la naturaleza el peligro siempre está. Así, en tierra firme, entre coirones y laderas, se desplaza en silencio —para este relato— una hembra de puma, con un papel crucial para el equilibrio del ecosistema. Su presencia se alinea tanto con los carroñeros superiores, como el cóndor, como también con su principal presa, el guanaco, habitante esencial de este círculo virtuoso de ambiente regulado y sustentable de manera natural. No puede faltar ninguno de ellos.
La puma que mencionamos, reconocida por ojos expertos por sus características de vida y el entorno en el que vivía, era llamada “Rupestre”. Una extraordinaria cazadora que emulaba, en el espíritu de sus desplazamientos, a aquellos humanos poco reconocidos en el territorio, como lo fueron los Aonikenk.
“Rupestre”, con múltiples tareas, y según han destacado quienes la conocieron, mostró las certezas más agudas de un felino con carácter y voluntad: instintos profundos de preservación de la especie, expresados en innumerables gestaciones, con variadas camadas de cachorros a través de los años. Sus apariciones deleitaron a los más osados y dedicados en observarla, tanto así que el resultado de esas magníficas escenas permitió incluso crear emprendimientos y actividades especializadas: excursiones para verla, y mostrar cómo algunos denominaron a los pumas de Torres del Paine como “pumas hollywoodenses”, por lo fácil que era observarlos, a diferencia de la misma especie en otros territorios.
Pero la vida se extingue y se transforma. Hoy, “Rupestre” ha dejado una sensación extraña en el corazón de quienes la conocieron o, desde lejos, la observaron cuidando a sus cachorros: tristeza, una melancolía rara por la muerte de una especie quizás como cualquier otra. Sin embargo, “Rupestre” fue diferente. Fue la Reina: la que demostró con eficacia su misión predadora y un carácter abundante de maternidad.
Ante la defensa y el ataque, siempre fue orgullosa de sus días, fríos y cálidos. Ella estaba dispuesta a lo que viniera. El fenómeno aparece con más fuerza cuando logra ser madre de cuatro cachorros, y su experiencia de años le permitió sustentar esas pequeñas vidas, con extensas jornadas de cacería: a veces exitosas, otras veces sin logros inmediatos, sobre todo en invierno, cuando más se exponían los pequeños gatitos.
“Rupestre” murió hace pocos días. Y el día en que se desploma, el viento se detiene; el vuelo del cóndor se hace más silencioso, y el relincho del guanaco se apaga en el rigor de la pérdida.
Vamos a extrañar la silueta de la Reina, pero deja un legado: muchos seguirán los pasos de su madre y veremos otras reinas correr y saciarse de lo que les da la naturaleza.
Adiós, “Rupestre”.
La Patagonia chilena no solo se recorre: se respira, se contempla y —cada vez más— se cuida. En la Región de Magallanes y Antártica Chilena, el turismo de naturaleza está dando pasos concretos para avanzar hacia una forma de viajar más consciente, con datos, acciones y compromisos medibles.
En ese camino, hoy celebramos un hito que marca un precedente para el turismo de aventura en Chile: Chile Nativo Travel logró cuantificar y certificar la huella de carbono de un programa turístico, específicamente de su emblemático W Trek en el Parque Nacional Torres del Paine.
Este avance demuestra que es posible vivir experiencias memorables en uno de los territorios más prístinos del planeta, incorporando criterios de sostenibilidad y acción climática desde la planificación hasta la operación.
La certificación fue otorgada el 9 de octubre de 2024 por HuellaChile, iniciativa del Ministerio del Medio Ambiente que impulsa la medición y gestión de gases de efecto invernadero en organizaciones públicas y privadas.
Con este proceso, el W Trek se convierte en el primer programa turístico en Chile en certificar oficialmente su huella de carbono, abriendo un nuevo estándar para la industria del turismo de naturaleza, tanto a nivel nacional como regional.
Con una duración aproximada de 5 días, este circuito permite recorrer algunos de los paisajes más icónicos de la Patagonia chilena y, desde ahora, sumar un valor clave: información clara sobre su impacto ambiental, útil para quienes viajan, para operadores y para el destino.
El estudio de huella de carbono comenzó en septiembre de 2024, desarrollado junto a la consultora CYCLO, con verificación externa de Proyectae, e incorporando activamente a proveedores del programa turístico.
La medición consideró variables clave, entre ellas:
Transporte aéreo internacional y nacional
Transporte terrestre
Alimentación
Sistemas de calefacción
Emisiones asociadas por pasajero/a
Este enfoque colaborativo permitió estimar el impacto ambiental real del programa y sentar bases sólidas para futuras acciones de reducción y compensación de emisiones.
Huella total estimada por pasajero/a:
Alojamiento en refugios: 1.468 kg CO₂e
Alojamiento en camping: 1.452 kg CO₂e
La modalidad camping presenta emisiones levemente menores, principalmente por un menor uso de combustibles para calefacción.
Principales fuentes de emisiones:
Transporte aéreo internacional: 987 kg CO₂e (≈67% del total)
Transporte aéreo nacional: 278 kg CO₂e
Alojamiento en Torres del Paine: entre 60 y 80 kg CO₂e
Estos datos ayudan a comprender mejor dónde se concentra el impacto y a orientar decisiones más informadas para seguir avanzando.
El pasado 12 de octubre, la costanera de Puerto Natales fue escenario de una jornada única: la realización del Chapuzón de los Fiordos 2025, evento que congregó a más de 1.500 personas, y que tuvo como protagonistas a más de 800 participantes que se sumergieron en las frías aguas del canal Señoret, en pleno corazón de la Patagonia.
Esta actividad, que se ha consolidado como una de las más esperadas por la comunidad y el sector turístico local, marcó una vez más el inicio simbólico de la temporada turística en la Provincia de Última Esperanza. Su creciente popularidad, tanto a nivel local como nacional, demuestra el arraigo y la identidad que representa para la ciudad.
En esta edición, el evento cobró especial relevancia al coincidir con el arranque de la Cumbre Mundial de Turismo Aventura (ATTA 2025), lo que le otorgó una proyección internacional sin precedentes. La presencia de visitantes extranjeros, operadores turísticos, medios especializados y creadores de contenido, aportó visibilidad al destino y fortaleció la imagen de Puerto Natales como un referente del turismo de naturaleza y aventura.
Durante toda la jornada, los asistentes pudieron disfrutar de una programación diversa y familiar, que incluyó clases masivas de baile, música en vivo, muestras artísticas locales, ferias de emprendedores y gastronomía. La actividad fue pensada no solo como un espectáculo, sino como una experiencia participativa que integrara a turistas, habitantes y actores del turismo en un ambiente seguro y festivo.
El Chapuzón de los Fiordos 2025 fue organizado de manera colaborativa por los gremios del turismo de la provincia, con un alto nivel de coordinación territorial. La realización del evento fue posible gracias al apoyo del Gobierno Regional de Magallanes y el respaldo de SERNATUR, instituciones que han sido clave para potenciar el desarrollo de experiencias turísticas con identidad local y proyección global.
A pesar de las condiciones climáticas propias de la primavera patagónica, el evento se desarrolló con normalidad y alta participación, lo que fue valorado por todos los sectores involucrados. Su ejecución demuestra que, incluso en los escenarios más australes del país, es posible generar actividades masivas, sostenibles y con sentido de pertenencia.
La exitosa edición 2025 confirma al Chapuzón de los Fiordos como una iniciativa que no solo promueve el turismo, sino que también fortalece el tejido social, activa la economía local y proyecta a Puerto Natales como un destino con personalidad, resiliencia y visión de futuro.