Historia

En el año 1520  se produjo el primer encuentro entre el hombre blanco y los pueblos originarios, cuando don Fernando de Magallanes (quien descubrió el estrecho que hoy lleva su nombre) avistó a unos corpulentos indígenas que calificó de gigantes y los bautizó como Patagones, por sus grandes pisadas, dando origen así al nombre Patagonia y a la leyenda de tierra de gigantes.

Los indígenas que vio Magallanes eran Aonikenk que medían como promedio 1,80 metro. El nombre Patagon deriva del personaje Pathagon de un libro de caballería al que Magallanes era aficionado.

Estos habitantes fueron bandas de cazadores nómades, que ingresaron cuando los hielos de la última glaciación se estaban retirando. Conocidos por su gran estatura ocupaban las estepas desde el río Santa Cruz en Argentina, al Norte, hasta el Estrecho de Magallanes, al Sur.

Uno de los grandes cambios que trajeron los europeos a América fue el caballo, animal que modificó drásticamente el estilo de vida de todos los indígenas.
Pero el gran cambio en su cultura se produjo por la penetración foránea en sus tierras. Con el proceso de colonización y la creación de estancias, los colonos y Aonikenk comenzaron a utilizar los mismos territorios y, de a poco, los indígenas se vieron obligados a alejarse hacia Argentina. La zona de Pali

Aike fue el último lugar de la Patagonia chilena que registró la presencia de estos aborígenes.
Los Sélknam ocupaban la estepa del norte y los bosques del sur de la Tierra del Fuego. (La isla debe su nombre a las grandes fogatas que efectuaban los indígenas, que fueron avistadas a lo lejos por Fernando de Magallanes) Su modo de vida era parecido a la de los Aonikenk, pero nunca utilizaron el caballo; eran altos y fornidos, pero de carácter algo más agresivo que otros aborígenes.

Hasta 1881 hubo escaso contacto entre el hombre blanco y los indígenas, pero en esta fecha se establecieron los límites chilenos – argentinos y se inició la colonización de la isla. Pronto llegaron los colonizadores ganaderos y se formaron importantes estancias.

Fue ahí cuando comenzaron los verdaderos problemas para los Selk’nam. Se debe considerar que su cultura no conocía ni entendía la propiedad privada y, por lo tanto, consideraban natural la cacería de las ovejas, cuya facilidad de caza fue advertida casi de inmediato por los indígenas.
Para combatir los robos, los estancieros comenzaron a poner alambrados e instalaron puestos ovejeros con vigilancia permanente. Así y todo, los asaltos no disminuyeron y comenzó una especie de genocidio de este pueblo que llevó a su total exterminio.

De esta forma los selk’nam o eran asesinados o eran deportados. Además de desterrarlos de sus tierras ancestrales, el contacto con los blancos trajo consigo inactividad, modificó sus costumbres, cambió su vigor físico y se contagiaron de distintas enfermedades. Los misioneros hicieron lo posible por salvar a las razas de la Tierra del Fuego, pero no lograron más que retardar su extinción.

También habitaron este austral territorio los cazadores marítimos, Kawéskar y Yámanas (etnia más austral del mundo). Los Kawéskar se distribuían desde el Estrecho de Magallanes al norte y los Yámanas hacia el sur, principalmente en la zona de Puerto Williams y el Canal Beagle.
Cabe destacar que los Yámanas fueron quienes inspiraron a Charles Darwin a escribir la teoría de la evolución, por su capacidad de sobrevivencia con poca ropa en una de las zonas más heladas del mundo.

Los primeros se extinguieron debido a las enfermedades, especialmente venéreas, el alcohol introducido por los obreros y las migraciones que los fueron dispersando.

Las epidemias redujeron drásticamente la población Yámana y los últimos sobrevivientes de la etnia se refugiaron en la isla Navarino, en un predio cedido por el gobierno chileno. La última representante de esta etnia es Cristina Calderón, quien actualmente vive en Villa Ukika, cerca de Puerto Williams.

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