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HISTORIA

LA PRESENCIA DEL HOMBRE

Alrededor de tres milenios después del arribo de los primeros humanos ocurrieron, en simultaneidad o sucesivamente, algunos acontecimientos climáticos y telúricos que pudieron asumir características catastróficas por sus consecuencias para el medio ambiente y, en particular, para la vida natural. Estos episodios causaron directamente o contribuyeron a la desaparición de la antigua fauna pleistocénica tardía e impusieron, por consecuencia, un paréntesis en la vida humana. Cuando la misma retornó con posterioridad al octavo milenio antes del presente, lo hizo con diferentes expresiones culturales adaptativas.

De tal modo, a partir de entonces, sin interrupción, aunque con variados avatares, la vida humana se extendió por diversos lugares del territorio oriental magallánico, tanto en forma de cazadores terrestres, como en la de cazadores marinos o canoeros que poblaron los litorales archipielágicos del centro, oeste y sur de la gran región. Ello tanto pudo darse por evolución de los primeros cazadores paleoindios arribados, como por la incorporación de nuevos contingentes migratorios. Como hubiera sido, los cazadores primitivos consiguieron adaptarse a las severas condiciones ambientales y generaron diferentes expresiones culturales que se manifestaron a lo largo de milenios hasta el advenimiento del tiempo histórico.

Al tiempo de la llegada de los españoles el actual territorio regional estaba habitado por cuatro grandes etnias indígenas diferenciadas culturalmente. En la zona esteparia continental vivían los aónikenk, que después serían conocidos como patagones o tehuelches; en la isla grande de Tierra del Fuego, los sélknam u onas; en los canales occidentales desde el golfo de Penas hasta el canal Brecknock, los diversos grupos conocidos con el nombre común de kawéskar o alakalufes, y en el área del canal Beagle y Cabo de Hornos, los yámanas.

HALLAZGO DEL TERRITORIO POR LOS EUROPEOS

El descubrimiento del territorio magallánico constituyó una consecuencia indirecta de la búsqueda del paso oceánico que debía poner en contacto a Europa con las naciones del Levante, China, Japón, la India y especialmente con las Molucas, famosa tierra de la especiería.

Afanosa la España imperial por ganar a su rival, el reino de Portugal, la carrera hacia las Indias y con ella el monopolio del comercio de las especias, el rey Carlos, futuro emperador, capituló en 1519 con el marino portugués Fernao de Magalhaes, luego conocido como Fernando de Magallanes, el descubrimiento de un paso hacia el oriente a través del nuevo continente descubierto escasos años antes por Colón. Pertrechada y dispuesta la flota magallánica, compuesta de cinco naves, zarpó del puerto de San Lúcar de Barrameda el 2 de septiembre de 1519.

Tras un viaje lleno de azares e incidencias la nao capitana Trinidad embocaba al fin el día 21 de octubre de 1520 el estrecho que el Almirante denominó posteriormente "de Todos los Santos", y que la posterioridad justicieramente habría de rebautizar con el nombre de su insigne descubridor. Había sido descubierto Chile y con tan fausto suceso nacían a la Geografía y a la Historia de los pueblos la "Tierra de los Patagones" y la "Tierra de los Fuegos", vale decir, dos de los componentes de la Región Magallánica de hoy.

 OCUPACION DE MAGALLANES

La incorporación efectiva de los actuales territorios que conforman las regiones de Aysén y Magallanes se debió a la inspiración genial de Bernardo O'Higgins, fundador de la República y Libertador de Chile.

La responsabilidad de organizar la expedición destinada a tomar posesión e iniciar la colonización de la región del Estrecho fue confiada por el gobierno del Presidente Manuel Bulnes al intendente de Chiloé, Domingo Espiñeira, funcionario diligente y activo que cumplió con particular celo su cometido, de tal modo que el 21 de mayo de 1843 zarpaba del puerto homónimo la goleta nacional Ancud, al mando del capitán de fragata Juan Williams, con un total de veintitrés personas a bordo, entre tripulantes, soldados y supernumerarios.

Tras un viaje que tomó cuatro meses y que no estuvo libre de algunas peripecias, la Ancud dio fondo el 21 de septiembre frente a la punta de Santa Ana, península de Brunswick, muy cerca del sitio en que casi tres siglos antes estuviera la Ciudad del Rey Don Felipe.

Un mes después y luego de una rápida e infructuosa exploración a lo largo de la costa norte del Estrecho, en busca de un sitio apropiado para la fundación de una colonia, se inauguraba oficialmente, el día 30 de octubre, un pequeño fuerte construido en lo alto de la punta de Santa Ana -verdadera atalaya-, que fue denominado "Bulnes" en homenaje al ilustre mandatario de la República, y que así pasaba a ser el primer establecimiento permanente en la vastedad patagónica, avanzada inicial de la colonización nacional y de la civilización en las regiones del sur. Los primeros años de la nueva población fueron en extremo duros y difíciles. Comprendiendo la necesidad apremiante que había de mover la colonia a un sitio más adecuado, y luego de explorar buena parte de la costa oriental de la península de Brunswick, el nuevo gobernador designado José de los Santos Mardones dispuso su traslado medio centenar de kilómetros hacia el norte, a terrenos que le parecieron los más apropiados y que se situaban junto a las márgenes del río del Carbón, en el lugar conocido como Punta Arenosa. Una vez llevado el ganado, iniciadas las siembras, levantadas las construcciones fundamentales y trasladadas a ellas la mayoría de las familias, Mardones fijó allí su sede y residencia, naciendo el 18 de diciembre de 1848 el caserío de Punta Arenas, que con los años habría de llegar a ser capital de una rica región y ciudad principal de la Patagonia.

 
 



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